viernes, mayo 01, 2015

La vibración de una gota de lluvia

La Ferroviaria es el colegio en el que estudié cuando era crío. Los niños que ahora estudian allí ya no corren por los pasillos del viejo edificio abandonado. Van a clase en unas nuevas instalaciones que le dan la espalda. En ocasiones paso junto a la antigua Ferroviaria e intento observar su interior. Un día pude ver mi primera clase por una ventana que permaneció varios días rota. Aunque no soy muy melancólico observar ese espacio me puso el vello de punta. Tenía seis años cuando veía el mundo al otro lado de aquella ventana.

Ayer por la mañana, estresado, salí a tomar un poco de aire. Me senté en un banco cerca de la Ferroviaria e intenté desentenderme durante un rato de los problemas. Embelesado en mis pensamientos no percibí el alboroto de los chicos que estaban en el nuevo patio del colegio. Al cabo de un rato escuché a un montón de niños que me gritaban al otro lado de una enorme valla: — ¡Señor, señor! Me levanté y les pregunté qué era lo querían. Huyeron espantados como una bandada de gorriones. Me volví a sentar sin darle importancia a lo que había pasado. Pero un grupo de ellos regresó y me gritaron: — El balón, denos el balón. Me dirigí hacia dónde estaba el balón que habían lanzado al otro lado de la valla. Lo cogí y lo mandé de vuelta al patio. Una profesora les pidió que me dieran las gracias y todos lo hicieron al unísono.

Me sentí bastante emocionado y extrañado por lo que acaba de pasar, pues de repente descubrí que yo mismo había protagonizado esa escena hace muchos años. Aunque a la inversa. Cuando estudiaba en la Ferroviaria el sitio dónde ayer me encontraba no era un parque, era una huerta que cuidaban los ferroviarios de la cercana estación de tren, hoy desaparecida. De vez en cuando mis compañeros y yo lanzábamos demasiado alto el balón y se colaba en aquella huerta. No nos quedaba más remedio que pedirle con cierto temor a aquellos hombres que nos lo devolvieran.

Al volver a casa llamé por teléfono a un amigo. Le conté la experiencia y le expliqué que aquello me había hecho recordar la historia de la carpa del estanque, con la que el físico Kaku Michio cuenta cómo podemos percibir otras dimensiones: Un día en el que visitó el jardín de té de San Francisco observó una carpa en un estanque mientras llovía. Pensó que aunque esta no pudiese ver el mundo que hay por encima de ella si podía sentir las ondas que se forman en el agua cuando caen gotas de lluvia. Gracias a esas ondas quizá intuía la existencia deun mundo exterior.

Mi amigo, que es filólogo, me puso un ejemplo sobre lo torpe que es nuestra percepción del tiempo. El vocabulario con el que nos referimos a él es idéntico al que usamos para hablar del espacio: Ha pasado muy rápido esta semana, que larga se me está haciendo la espera, fue como volver a la infancia…

Eso me ha hecho entender mejor la extraña sensación que experimenté ayer. La vibración de una gota de lluvia en el estanque del tiempo me había hecho comprender que yo era a la vez uno de los niños que pedía el balón y la persona que se lo devolvía. La escena pertenecía por igual al presente y al pasado.

viernes, enero 02, 2015

Informe C





"Durante la navidad, en la calle del Maestro Victoria en Madrid, personas venidas de todo el mundo intentan ganarse la vida como pueden. Los que vinieron de América Latina lo hacen disfrazados de personajes creados por la industria global del entretenimiento. Intentan llamar así la atención de los niños para vender algún juguete. La mercancía que ofrecen los africanos son artículos que imitan a los de algunas marcas multinacionales. También hay gentes venidas de Asia vendiendo silbatos o pelotas y algunas gitanas españolas que venden bengalas. Los potenciales compradores son en su mayoría familias que acuden al lugar para que sus hijos presencien Cortylandia. Un espectáculo infantil organizado por El Corte Inglés desde hace décadas. Pero de forma paralela se produce otra representación: la de estos vendedores huyendo de la policía. Aunque rara vez las cámaras con las que el público capta a los muñecos mecánicos fotografían esas persecuciones".

Pues de eso va este librito de fotos autoeditado hecho en tiempo record. ¡Basta ya de libros que nunca se terminan! En breve lo presentaré, sin mucha pompa, y venderé algunos ejemplares. Si alguien está interesado en uno que levante la mano y me escriba a ramonpeco@gmail.com. Aquí podéis ver las 15 primeras páginas.

sábado, diciembre 20, 2014

Inventario general (work in progress)

Abril
Madrid
Málaga
Super
Una mañana de sábado
Fuego
Arco iris
Propaganda roja
Paseo
Caballo
Vida
Desafío
Juego
Pesca
Mamut
Una historia de amor
Expectación
Secreto en el Sena
Hoguera
Polen
Juego
Oficial
Guardián
Astronauta
Noche
Suceso

lunes, abril 21, 2014

K (work in progress)

Unpacked. Berlín 2012.

Ernst & Young. Berlín 2012.

Comprador. Madrid 2012.



jueves, abril 17, 2014

lunes, febrero 10, 2014

Viento

El eterno retorno


sábado, enero 04, 2014

sábado, noviembre 30, 2013

Campo de fuerza (beta)

Cuenca es una ciudad creada por musulmanes. En el año 1177 tropas dirigidas por el rey Alfonso VIII la conquistan tras un largo asedio. No tardaron en desaparecer todos los vestigios islámicos. Entre los años 2010 y 2012 busqué la leyenda de sus fundadores. 

En noviembre de 2013 ha visto la luz Campo de fuerza. El libro que recoge las fotografías de esa búsqueda. Se trata de una edición modesta, pero espero que lo suficientemente bien realizada como para recoger el espíritu de aquella particular exploración. 

El libro tiene 36 páginas, dos de ellas impresas en color y el resto en blanco y negro. La edición está limitada a 50 ejemplares y el precio de cada uno de ellos es de 5 euros, a los que hay que añadir 2 euros de gastos de envío si vives en España (para envíos internacionales, consúltame). Para realizar un pedido ponte en contacto conmigo escribiéndome a ramonpeco@gmail.com





Nota: Se recomienda ver el vídeo activando la opción HD y el modo de pantalla completa.

martes, noviembre 26, 2013

domingo, noviembre 03, 2013